El pizzero problemático reparte pizzas o problemas
Observa.
Como en muchos, en mi instituto se organizó un viaje de fin de curso a los 18 años.
Mallorca fue el destino.
Ya te puedes imaginar, último año con tus colegas del instituto, previo a la universidad.
Fiesta, alcohol y kebabs.
Aquello prometía.
Varios extintores reventados por los pasillos del hotel nada más llegar y alguna que otra escaramuza entre los chavales del curso.
Yo siempre he sido un tío bastante tranquilo que ha evitado las peleas.
Mi aparente superioridad física y elocuencia mantenía a ralla a los matones y yo tampoco era de aprovecharme.
Si tienes una habilidad o ventaja en algo debes aprovecharla para hacer el bien. Eso me enseñaron en casa.
El caso, las escaramuzas.
Una de ellas, nos pasó por al lado a mi compañero de habitación y a mí.
Después de comer, Álvaro y yo nos subimos a la habitación para descansar.
Al rato, escuchamos unas fuertes pisadas por el camino.
Venían directas a nuestra habitación.
Nos incorporamos mirándonos.
Los pasos se acercan y…. ¡Portazo!
Alguien había entrado corriendo en la habitación contigua a la nuestra.
Más pisadas, alguien corriendo en el pasillo le seguía …
Pum, pum, pum
Golpes en la puerta de al lado:
“Hijo de puta! Cobarde, sal que te voy a partir las piernas”
Por favor, te lo suplico, ¡escúchame, te lo puedo explicar todo!”
Este chaval que venía a “partirle las piernas al susodicho”, como te podrás imaginar, no quería que le explicasen nada. Venía a otra cosa.
Pum, pum, pum
Ahora los golpes ¡eran en nuestra puerta!
Oye, los de al lado, abridme que voy a saltar por la ventana a partirle la cabeza a este.
Silencio
Ni de coña le íbamos a abrir.
Álvaro y yo nos miramos e hicimos señas para estar más callados que un árbol.
Pum, pum, pum
El tío parecía un pizzero al que la pizza le quemaba en las manos, solo que en lugar de pizzas, lo que venía a repartir eran hostias.
No paraba de aporrear la puerta de su víctima y la nuestra.
Estuvimos callados y tranquilos como 15min hasta que se tranquilizó.
Esta fue una de esas situaciones en las que, literalmente, los problemas llaman a tu puerta.
En este caso parece demasiado evidente no involucrarte, pero ¿cuántas veces llaman a tu puerta problemas que no tienen nada que ver contigo y les damos paso?
Demasiadas.
Así que a veces tienes que hacer como Álvaro y yo en esa habitación.
Quedarte en silencio y esperar como un árbol.
A veces la gente no quiere nada de ti, solo involucrarte para su beneficio propio.
Hundirte en su mierda.
Y para evitarlo tienes que observar.
Observar y reflexionar.
Algo que hago todos los días aquí.
