¿Sabes algo que aporte más valor que esto?
Atiende.
Me he apuntado a un gimnasio.
Algo cerca de mi trabajo.
El tema es que llevaba tiempo buscando uno y reconozco que me ha costado tiempo apuntarme porque no encontraba uno que tuviera las instalaciones y el equipamiento que buscaba.
Está cerca de mi trabajo y lejos de casa y, aunque soy conocedor de las trampas que nos hacemos las personas y sé que me costará más aún ir los días que llueva y nieve, tengo asumido que es parte del desafío.
Pero observa, observa.
Lo mejor de haberme apuntado allí no es el equipamiento e instalaciones que por fin he encontrado.
No.
Es la gente que me ha atendido.
En cuanto llegué me atendió un tipo muy majete.
Santi.
Y luego una señorita muy amable.
Lidia.
Y me enseñaron todo.
Y me explicaron muy bien las salas que tenía aquello y qué podía usar y qué no.
Y luego me apunté.
Lo tenía claro.
Más aún después de esa buena atención.
Y entonces pensé.
Coño, las instalaciones están bien.
Pero el equipo que está detrás de esto es mejor aún.
Entonces el valor de todo mejoró y pensé que lo que estaba pagando era poco por todo aquello.
Y atiende, que aquí va la reflexión.
Una cosa podrá tener más o menos valor.
Eso dependerá de ti, del valor que le des.
Del valor que le pongas.
Pero una sola persona.
Con su actitud y predisposición puede hacerte cambiar de parecer sobre el valor de un objeto.
Sea un coche, una casa o una carraca de feria.
Los objetos no tienen más valor que el que tú le das.
Somos las personas las que entregamos valor a lo inanimado.
