Una pregunta que te ayudará más que cualquier gurú

Observa.

Algunos ya sabéis que soy administrador de fincas.

Por eso hace unos días una propietaria a la que sus vecinos le llevan rechazado una petición durante los últimos años, me llamó para volver a incluir su tema en la próxima reunión.

Te pongo en contexto: la comunidad ha tenido desde hace tiempo problemas de humedad en el garaje. Insostenible. 

Los coches que estaban parados más de un mes criaban moho por dentro. Así que imagínate…

Para subsanarlo, los vecinos tuvieron que contratar una obra que ha mejorado sustancialmente la situación, pero ahora parece que las aguas de la zona, al no tener espacio para entrar al garaje por el arreglo que se ha hecho, van directas a casa de esta vecina que me llamó.

Bien.

Hasta aquí todo correcto.

Pues bien, esta vecina tiene un sótano construido fuera de planos (alegal) donde se ha manifestado esta humedad.

La comunidad lleva mucho tiempo indicándole que es un tema privado que tiene que resolver por su cuenta.

Pero ella sigue insistiendo, así que ya os podéis imaginar lo que me pedía en la llamada.

Como excusa me indicaba que era “un grave problema, porque la humedad, al igual que está afectando en su vivienda, también está afectando a los cimientos de las viviendas de la zona”.

OK. Ahora mis dos preguntas al respecto:

  • “¿Cómo has sabido que está afectando a los cimientos de la vivienda?

  • “Mi hija y mi primo son arquitectos, no han hecho ningún informe ni lo han estudiado al detalle, pero me han advertido de ello.”

Mmm… Primera respuesta sin sentido válido, pero vale, te lo puedo comprar.

Segunda:

  • Si el agua se ha manifestado en tu sótano y está afectando a los cimientos ¿cómo sabemos si la obra de tu sótano no ha afectado también a los cimientos?

No hay respuesta.

  • “Ese es otro tema Raúl, no estamos hablando de eso, por favor!”

Para mí no podría estar más claro. Se enrosca y no quiere ni pensar sobre la cuestión que le he hecho.

Dos preguntas con el “cómo” y ya ha saltado a la defensiva.

La pregunta “cómo” es la más poderosa.

Cuando la descubrí y la puse a prueba empecé a ver sus resultados inmediatamente.

Es complejo al principio formular cuestiones con este adverbio.

Ni nos han enseñado ni estamos acostumbrados a usarlo para preguntar.

Pero cuando lo dominas…

Amigo, cuando lo dominas tienes un recurso maravilloso para tu día a día.

El “cómo” requiere de tiempo para pensar.

Para algunos supone un ejercicio mental que requiere energía. Algo que no todos están dispuestos a gastar, como en el caso de esta vecina, que salta a la defensiva rápidamente.

Por eso es poderoso.

Porque, sin pedir, es una pregunta que hace reclamo sobre algo. Invita a los demás a participar.

“¿Cómo lo harías tú?”

“¿Cómo me recomendarías proceder?”

“¿Cómo llegaste a ese punto?”

“¿Cómo consigo entrar?”

Este es el poder del “cómo”.

¿Cómo llegué a descubrirlo?

Observando.

Observo algo y lo anoto.

Observo algo y reflexiono sobre ello. Pienso en como lo implemento y luego te lo cuento todos los días aquí.